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domingo, 21 de febrero de 2016

13 - El resto de servicios (WC) públicos no municipales en la Plaza de Cataluña y alrededores (IV).

En esta y la próxima entrada sobre el tema que se referencia en el título, voy a comentar dos espacios de los que dieron más juego en los 70 y 80, por lo menos, época en que los conocí.

A una distancia no muy lejana de la Plaza de Cataluña se encontraban entonces un par de lugares que a mi juicio podían competir por el récord de ser los espacios (cubiertos) de cruising gay más concurridos, en los que prácticamente a todas horas había posibilidades, frecuentados por bastantes asiduos y con algunos rincones que, aunque expuestos al tránsito de personas ajenas a esa práctica, ofrecían buenas posibilidades para hacer de todo, dentro de las limitaciones de estar en un lugar de acceso público. Uno de ellos era, una vez más, una estación de ferrocarril y el otro un establecimiento comercial bastante singular, abierto las 24 horas del día. En este post veremos el primero.

Estación de Paseo de Gracia (RENFE -hoy ADIF-)

No la he visitado últimamente, por lo que no puedo decir si se dan hoy en día opciones para el cancaneo, pero creo que es bastante improbable pues, según tengo entendido, ya no es posible acceder a los andenes (y por ende a los servicios ubicados en ellos), ni a los pasillos interiores sin estar provisto de billete. Por otra parte, aunque supusiéramos que hay público potencial suficiente para propiciar el cruising, el primer elemento disuasorio sería el tema de poder acceder solamente con billete, pero incluso entre los viajeros propensos a ello (quizá teniendo en cuenta que en esta estación paran los trenes en dirección a, o provenientes de, Sitges) al haber aumentado de la forma en que lo ha hecho en los últimos años la presencia de empleados de seguridad y existiendo muchas más alternativas que entonces para buscar sexo, me da la impresión de que debe ser harto difícil encontrar la oportunidad.

Pero volvamos a aquellas épocas. La estación subterránea de Paseo de Gracia de aquellos tiempos permitía la entrada por cualquier acceso y la circulación por una pequeña red de pasillos sin necesidad de bajar a los andenes del nivel inferior, a no ser que se quisiera tomar un tren o bien usar los servicios que se encontraban en el extremo más cercano a Plaza de Cataluña de cada uno de los andenes, que eran gemelos entre sí y consistían en una hilera de urinarios a la derecha y una hilera de wc a la izquierda. Los más concurridos para cruising eran los del andén dirección Plaza de Cataluña, me aventuro a suponer que porque no había tanto flujo de viajeros esperando para ir en esa dirección.

Repasando los cada vez más indefinidos recuerdos que me quedan de hace más de treinta años, puedo explicar que el acceso principal de la estación, desde el patio de taquillas, solamente servía a nuestros efectos para bajar a los servicios de los andenes o bien para ir desde éstos a los dos pasillos subterráneos que conducían a los accesos que rendían por un extremo a la calle Pau Claris/Aragón y por el otro a la calle entonces denominada con el parco y castellanizado nombre de Lauria (Roger de Llúria), confluencia con la calle de Aragón. Los lugares más seguros para tener algún encuentro y donde incluso alguna vez se había montado alguna tan modesta como improvisada orgía (con todo el personal vestido, claro) eran los espacios inmediatos a las escaleras de salida de dichos accesos, especialmente los de Pau Claris/Aragón lado mar, supongo que por ser los más desconocidos o que caían más a trasmano para el público en general. Desde esos últimos metros de los pasillos cercanos a la salida, podían verse con cierta antelación los pies de las personas que pudieran descender por los primeros escalones a nivel de calle, antes de que en ese descenso alcanzaran ellos a ver lo que sucedía a pocos metros del final de la escalera y, a su vez, estábamos resguardados de la visión desde el pasillo que seguía a partir de ese punto hasta al acceso a los andenes, pues dicho pasillo no estaba alineado rectilíneamente con la entrada, sino que formaba un ángulo que permitía oír con mucha antelación los pasos de quien fuera a salir por allí, pues se trataba, se trata, de pasillos bastante largos.
En aquellas condiciones recuerdo sobre todo muchas mamadas, tanto recibidas como practicadas y allí podría decirse que fue donde me gradué en tan gratificante menester, dada la cantidad de ellas que practiqué y me practicaron.
Acceso actual en Pau Claris/Aragón, hoy reubicado al chaflán, pero que antiguamente estaba situado
paralelamente a la acera de la calle Pau Claris, seguramente donde ahora están las rejillas de ventilación.
Era extraordinariamente excitante el juego de bajar las escaleras, observar quizá a alguien disimulando cerca de ellas, sin entrar ni salir, andar hasta el otro extremo del pasillo y encontrar a alguien más, pasar por un pequeño vestíbulo de comunicación central entre los dos pasillos, donde se encontraban las escaleras que descendían a los andenes, recorrer el otro pasillo y al final quedarse con quien nos había parecido más acorde a nuestros gustos de todos cuantos estaban vagando por el lugar, siempre que cuando volviéramos sobre nuestros pasos, quizá al llegar al lugar donde habíamos visto a quien mentalmente habíamos elegido, todavía no se hubiera marchado o no estuviera enrollado con otro más expeditivo y después de todas esas circunstancias, que además coincidiera que uno también era de su agrado, claro. Pero aunque todo esto alguna vez fastidiaba porque después de tanto "elegir", al final se quedaba uno sin nada (quién mucho abarca, poco aprieta) tenía su morboso aliciente. No obstante, con el tiempo y la experiencia en el sitio, uno iba catalogando mentalmente a todos los asiduos del lugar, con lo que la elección era más directa y fructífera.

Como curiosidad, comentaré que en aquellos años en que tanto se fumaba porque no existían las prohibiciones actuales ni, por descontado, restricción alguna en cuanto a los espacios para hacerlo, siendo yo no fumador, detecté que algunas pollas tenían cierto deje gustativo u olfativo a tabaco, lo que me provocó cierta estupefacción pues me parecía difícil de aceptar que a los fumadores el tabaco que consumían les llegara a destilar hasta en la polla, pero pronto me di cuenta de que no se trataba de eso sino de que, de vez en cuando, me amorraba a mamar alguna polla que antes había sido chupada por un fumador y el deje a tabaco que yo notaba no era del mamado, sino que había sido depositado por el anterior mamador. O al menos eso es lo que deduje como hipótesis más plausible.

Allí encontré a menudo unas hermosas pollas a las que hacerles los honores, así como me los hacían a mi. Gente de un máximo de cuarenta años y de un mínimo que prefiero no evaluar aquí, iban allí para eso y se entregaban a ello con una gran afición. A base de asiduidad, llegué a trabar conocimiento con unos pocos chicos con los que siempre lo pasaba muy bien. Me extenderé solamente en la descripción de media docena, de entre la multitud con que tuve oportunidad de confraternizar.

Por ejemplo, el chico que he mencionado en el post anterior al comentar el parking de la Plaza de Castilla. Un muchacho joven, alto, moreno, guapo (no guapo de cine, sino para mi gusto), bien formado y con una polla recta y de buenas proporciones que apetecía siempre. Además, tenía bien claro que para pasarlo bien también debía usar su boca, en resumen una delicia. Habíamos tenido varios encuentros muy buenos en los que al parecer el tenía más práctica que yo pues, en una ocasión en que no encontrábamos ningún rincón libre en los pasillos subterráneos, me indicó que saliéramos y me llevó a los lavabos del bar anexo al hotel entonces llamado Splendit (Consejo de Ciento/Pau Claris), que tenía acceso directo a la calle Pau Claris. Con mi consiguiente rubor, tuvimos que pasar por delante de una vacía barra con su ocioso camarero hasta llegar al fondo donde estaban los lavabos, allí nos hicimos nuestras respectivas mamadas y volvimos a salir recorriendo de nuevo aquel solitario bar sin que nadie nos dijera nada, a pesar de que los camareros habían sido claramente testigos de nuestra maniobra de entrada y salida. Quizá al tratarse de un hotel de 4 estrellas (hoy 5) la dependencia procuraba no dar escándalos, quizá no se dieron cuenta de lo que pasaba, quizá les sorprendió pero no dijeron nada porque no estaban acostumbrados o quizá, más improbable, estaban en el ajo. Nunca lo sabré.
Fachada del bar del actual hotel Renaissance, antes Splendit, en la calle Pau Claris.
También contacté varias veces con un chico cuyo objetivo principal era que se lo follaran en un wc, aunque a la segunda vez ya conseguí convencerlo de que se viniera a mi apartamento, que era mi oferta habitual cuando por las circunstancias del momento (rincones ocupados, tránsito de viajeros, ronda de la policía, etc.) no podíamos hacer nada allí y los dos estábamos de acuerdo en hacer algo más que una simple paja o una mamada rápida, siempre que el otro fuera conocido del lugar o me inspirara un mínimo de confianza. Con aquel chico tuvimos algunas sesiones bastante largas y gratificantes para los dos, de lo que daban fe los gritos de placer que habitualmente profería "quin polvo, aiii quin polvoooo, ...", repetidos constantemente.

Otro chico, en cambio, se vino a mi apartamento y después de hacernos mamadas, morreos, 69s y otras cosas placenteras, cuando quise darme cuenta, estaba tanteando mi culo con su polla. Como no la tenía muy grande, algo menor que la media, le dejé hacer y el pobrecito se corrió enseguida. Me hubiera gustado que durara algo más, pero me conformé. Esto me recuerda que en aquellos tiempos no existía el VIH ni de lejos, por lo que, normalmente, en aquellos encuentros sobrevenidos, pocas veces se usaba preservativo y en las mamadas solamente se preguntaba al otro si quería recibir la eyaculación en la boca, por delicadeza, por si le daba reparo o asco, no por nada más.

También contacté un par de veces con un chico muy joven que la mamaba bastante bien y también consentía en que me lo follara pero al que, a pesar de su juventud, nunca se le levantó y yo no me atreví nunca a preguntarle porqué. La primera vez que estuvo en mi apartamento, al principio de encontrarnos me contó una historia según la cual tenía un problema con su jefe, que le achacaba la desaparición de poco más de mil pesetas y cuando terminamos, volvió a expresar su preocupación por lo del dinero, así que le di esa cantidad porque me había sentado tan mal que no se le levantara que pensé que se merecía una compensación. La segunda vez que nos vimos, al terminar también me dijo que necesitaba dinero pero tuve que contestarle que eso se pide al principio, no se finge que va uno por el placer y luego se pide dinero, así que se marchó follado y sin blanca. Las demás veces que lo vi ya no quise nada con él.

Había también un chico más mayor (sobre la treintena larga) que la mamaba estupendamente, casi siempre que lo veía estaba amorrado a una u otra polla. Con este chico tuve también encuentros en otros lugares de los alrededores llegando incluso, una de las veces en que los dos íbamos muy calientes, a mamármela en las escaleras de acceso al aparcamiento subterráneo del Paseo de Gracia. Además de este gran mamador había otro, más mayor, que no le iba a la zaga. Una vez que estábamos él, yo y otro enseñándonos las pollas en los urinarios, primero me la chupó a mí hasta acabar, mientras el otro me magreaba y luego me pidieron que vigilara en la puerta, mientras le chupaba al otro polla, huevos y culo hasta que se corrió. Me quedé algo frustrado al darme cuenta de que me había liquidado a mí primero para poder luego dedicarse extensamente al otro que, debo reconocerlo, tenía una polla mayor que la mía y, en general, estaba más bueno.

Había también otros personajes habituales, como uno con muy buena figura, siempre con ropa de trabajo, que podía presumir de tener la polla más grande de las que había por allí, pero al que solamente le gustaba mamarla. También un señor mayor que no podía disimular su rijosidad cuando veía a otro más joven, al que no dudaba en pedirle a las primeras de cambio que se la mamara y, aunque siempre he preferido a los más jóvenes, ni entonces tenía nada contra los señores mayores, ni mucho menos ahora, que ya soy uno de ellos, pero nunca quise hacer nada con aquél pues era especialmente repulsivo, quizá porque vestía algo desaliñado, quizá porque una vez que se bajó los pantalones delante mío para enseñarme una polla mediana tenía una mancha amarilla bien visible en la parte frontal de aquellos slips "Ocean" que se llevaban entonces, quizá por esa insistencia en pedir continuamente una mamada o más bien por todo a la vez. Estuve algún tiempo sin verlo, luego dejé yo de pasar por allí pero, un buen día varios meses después, lo encontré por las calles de Pueblo Seco, completamente disminuido en sus facultades, con una expresión facial que evidenciaba que no se daba cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor y acompañado de una persona que le guiaba y cuidaba de él. 

Volviendo a los chicos jóvenes, estuve en mi apartamento varias veces con uno bastante joven y algo gordito que, a pesar de su juventud o quizá a causa de ella, veía esto del sexo con una gran naturalidad y hablaba desacomplejadamente de sus amigos y las cosas que hacía con ellos, con una mezcla de candidez y morbo que no dejaba indiferente. Aún así, nunca conseguí follar con él a pesar de varios intentos en los que es justo decir que tampoco quise conseguirlo a la fuerza. Me da la impresión de que, aunque verbalmente mostrara su buena disposición, a la hora de la verdad no ponía nada de su parte para facilitar la introducción, yo diría incluso que apretaba el culo para evitarla, pero nunca me quejé ni intenté aproximaciones con los dedos, lubricante, etc., porque me conformaba con los suficientes elementos de gratificante sexo que había en nuestros primeros encuentros, confiando en que con paciencia llegaría a conseguirlo cuando tuviéramos más confianza, pero la verdad es que no tuve ocasión de avanzar más porque al poco tiempo dejamos de vernos, no recuerdo si porque él ya no aparecía por la estación o bien porque fui yo quien dejó de ir. Como dato curioso, este chico me contó que formaba parte del grupo musical que por aquel entonces acompañaba las misas que se hacían los domingos en la iglesia de la Merced.

Acabaré este relato no exhaustivo, tanto a causa de mi memoria como por haber omitido intencionadamente, por reiterativas, algunas anécdotas a mi entender menores, pero esencialmente completo en cuanto a marco general y variada casuística expuesta sobre todo lo que ocurría en aquella estación, con la incidencia más "grave" que me ocurrió, de la que empiezo explicando seguidamente el contexto principal.

Con la llegada de la democracia, se les cambió a la entonces llamada "Policia Armada" (de apodo "los grises" pues su uniforme era de ese color) el nombre, la organización y la hechura y color de los uniformes, convirtiéndolos, al menos por fuera, en una policía más homologable a sus contemporáneas del resto de Europa. Debo reconocer que se hizo un esfuerzo por parte de las autoridades para darles un barniz democrático en todos los aspectos, aunque también es lícito resaltar que estos procesos requieren su tiempo. Tanto tiempo, que posteriormente aún hubo un cambio posterior del color de los uniformes y los cambios de organización han seguido sucediéndose.

En aquella época de transición, el cuerpo pasó a llamarse "Policía Nacional", hoy "Cuerpo Nacional de Policía", se creó la llamada "policía de proximidad", hoy inexistente y los nuevos uniformes que se diseñaron constaban de camisa y pantalón de un color marrón claro, completados con cazadora, corbata y boina de color marrón más oscuro. Gracias a la "policía de proximidad", empezamos a ver por nuestras calles parejas de policías patrullando a pie, llevando a cabo una acción realmente de proximidad pues se presentaban a todos los establecimientos de la zona que les habían asignado, ofreciéndose e interesándose, al menos en apariencia, por las inquietudes de sus interlocutores.

Nuevos uniformes de la Policía Nacional (1979).
Obsérvese el águila todavía presente en las banderas y edificio que aparecen en el reportaje.

Pues bien, entre los barrios asignados a aquellas parejas de policías estaba el de la zona de la estación, incluyendo el interior de la misma. Ni que decir tiene que la aparición de la policía produjo cierta desbandada de los practicantes de cruising en aquel lugar, pero no tardaron mucho los habituales en adaptarse a los horarios de la pareja o, al menos, en vigilar de algún modo por donde iba la policía para ir ellos por otro lado. Pero "como la policía no es tonta", hemos de suponer que ellos también se fijaban en los que transitaban por allí, si los veían repetidamente por los pasillos o los andenes sin tomar nunca ningún tren, etc.

En esta tesitura, una tarde saliendo del trabajo, que era cuando me venía bien pasarme por allí, me acerqué al lugar, me di cuenta de que estaban los policías patrullando e intenté irme por otros pasillos para no cruzarme con ellos y también por si encontraba a alguien más con quien hacer algo. Cerca del acceso al exterior de Lauria-Roger de Llúria/Aragón) me encontré a otra persona que estaba buscando lo mismo, nos enrollamos con unas pajas, nos corrimos y, al marcharnos, yo hacia el exterior y él por el pasillo, nos encontramos cara a cara con los dos policías, uno en el exterior y otro en el pasillo que nos cortaron el paso y me hicieron bajar a reunirme de nuevo con mi ocasional compañero. Al pasar por donde habíamos estado miraron sin disimulo el charquito de la corrida que había quedado en el suelo, anduvimos hasta el centro del pasillo y allí nos paramos todos y nos ordenaron enseñarles la documentación y vaciarnos los bolsillos, bajo amenaza de que después nos cachearían y sufriríamos las consecuencias si les habíamos ocultado algo. Así lo hicimos, pero yo no me di cuenta de que olvidaba sacar un lápiz portaminas que llevaba en el bolsillo interior derecho de la chaqueta. Nos revisaron todas nuestras pertenencias (como dato curioso, el otro chico llevaba no menos de diez bolígrafos) entre amenazas de detenernos e insultos de cerdos, etc. por parte del más mayor, quizá también de mayor graduación, que era el que llevaba la voz cantante y, efectivamente, luego nos cachearon.

A mí me cacheó el más joven mientras yo ya estaba resignado a que para mí la cosa fuera a peor si encontraba el lápiz pues, aunque no fuera nada punible en sí mismo, pensé que como se nos había conminado muy severamente a enseñarlo todo, se enfadarían más conmigo por ese olvido involuntario y ya me veía en una de aquellas todavía sórdidas comisarías de entonces objeto de vete a saber qué vejaciones o burlas, mientras también cavilaba como explicar en mi casa porqué había ido a parar allí, si se hubieran enterado, o porqué había llegado más tarde a casa si no llegaban a notar más que mi más que previsible retraso. En aquellos segundos pensé también en muchas otras cosas, en cómo afrontaría un posible juicio por escándalo público con el que nos amenazaban los policías, cómo podría evitar que trascendiera a la empresa en la que trabajaba entonces, lo cual hubiera sido catastrófico, cómo podría disimularlo y pedir permiso para la comparecencia a juicio sin necesidad de explicarlo, darle vueltas a que quizá me retuvieran más de un día en la comisaría y si podría hacer una llamada, como estábamos cansados de ver en las películas norteamericanas, en fin, multitud de supuestos, ideas, temores, pero, terminado el cacheo, "mi policía" dijo que estaba "limpio", lo que me tranquilizó algo. Yo creo que el policía notó el bulto rígido del lápiz pues sentí como palpaba en la zona donde lo llevaba, pero quiero suponer que dedujo de qué se trataba y optó por ignorarlo porque, dicho sea de paso, no me pareció que estuviera tan soliviantado ni alterado por la situación como lo estaba su compañero, que seguía recriminándonos lo depravados que éramos, los delitos que nos podría imputar, lo idiotas que éramos de hacerlo allí (en eso no le faltaba razón), por qué no nos íbamos a Montjuïc (con lo cual me dio una pista, porque en aquella época en que no existía internet no estábamos tan informados como ahora de todos los lugares de cruising), aunque añadió que si un día, paseando con su familia, nos encontrara en tesitura similar en Montjuïc nos pegaría un tiro.

Al final, después de acojonarnos como es debido, nos devolvieron nuestras cosas, nos ordenaron que nos marcháramos y no volviéramos más por allí, yo les di las gracias y me marché antes de que cambiaran de idea, porque aunque me di cuenta de que hacían uso con nosotros de una tolerancia que quizá no hubieran tenido un par de años antes, el fin de la dictadura todavía era relativamente reciente (aún no hacía un año que se había aprobado la Constitución) y no estaba muy seguro de que en algunas comisarías no se siguieran conservando todavía las prácticas policiales de la dictadura.

Al volver a subir por la escalera hacia el exterior, el policía joven todavía me dijo "pero límpiese el pantalón, hombre". Efectivamente, ¡me estaba señalando que en la parte baja de mi pernera derecha era bien visible una gota de la eyaculación del otro que no había ido a parar al suelo!

miércoles, 14 de mayo de 2014

11 - El resto de servicios (WC) públicos no municipales en la Plaza de Cataluña y alrededores (II).

Prosiguiendo con el tema del título, aquí van mis comentarios sobre algunos otros lugares:

- Estación "Plaza de Cataluña" de RENFE, servicios en el andén.
Los visité muy pocas veces, sólo recuerdo algo la disposición de los urinarios al fondo, de espaldas a la puerta, muy pocos, tres o cuatro, y que no estaba muy limpio. No recuerdo nada de eventuales ligues, aunque una vez si que me encontré a un jovencito en el vestíbulo que decía que quería rollo pero con el que finalmente no llegué a nada pues quería una recompensa económica. Bastantes años después de aquello, durante un tiempo no me importó pagar alguna vez (directa o indirectamente) por algo que me pareciera interesante, pero ahora he vuelto a cambiar de opinión. 

- Servicios situados en la Terminal y oficinas de la Compañía Anónima Alsina Graells de Autotransportes.
Se encontraban en la Ronda Universidad, lado mar, cerca de la calle Pelai, donde ahora hay un hotel. Aquellos servicios para los "señores clientes" estaban en una especie de cobertizo situado en los jardines de la finca en la que se encontraban las oficinas de la compañía citada y eran de un acceso muy cómodo al estar en el exterior del edificio, cosa inhabitual en los demás locales privados, bares, etc., a los que había que entrar para utilizar el servicio y, por lo tanto, exponerse al posible seguimiento visual de empleados u otros clientes, aunque esto último podía ser ocasionalmente de utilidad si había otro cliente interesado en el mismo tema.

Vista desde la calle, las oficinas estaban en el edificio que se ve dentro de la finca entrando a la izquierda
y los servicios (no se ven en la foto) entrando a la derecha, al fondo de los jardines que había detrás de la verja.


Todo lo que tenía de comodidad de acceso se contrarrestaba por la dejadez, suciedad y sordidez del espacio, cuyas instalaciones "sanitarias" estaban reducidas a la mínima expresión: una pared embaldosada de algunos metros de ancho, sin otro aditamento que un desagüe para las "aguas menores" y un mugriento cubículo que, aunque ya no lo recuerdo muy bien, me aventuraría a decir que o bien no tenía puerta o bien no cerraba, para las "aguas mayores", a evacuar en cuclillas por un agujero en el centro de la cochambrosa estancia.

En el lado bueno estaba que el lugar era poco conocido y, por ende, poco frecuentado, lo que daba una facilidad de movimientos que no se conseguía en ningún otro lugar similar, salvo alguna rara excepción que mencionaré en su momento, y en el lado malo (aparte de la decrepitud de las instalaciones) que por ser poco concurrido tampoco lo frecuentaba mucha gente con mis mismas intenciones y, en el caso de que coincidiera con alguno, el lugar era tan tranquilo que animaba a pasarse de la natural prudencia y exponerse de tal modo que podría haber entrado en cualquier momento alguien a quien no hubiéramos oído acercarse. Por eso y por estar algo alejado del centro neurálgico de la Plaza de Cataluña no lo frecuenté mucho pero, aún así, tuve algunos encuentros interesantes que se saldaron con algunas ricas mamadas y también alguna paja, generalmente recíproca.

- Restaurante/Cafetería Canaletas.
Esta popular cafetería estaba ubicada al principio de la Rambla, lado números impares, cerca de la Plaza de Cataluña, junto al Bar/Restaurante Nuria. Lamentablemente, ya no existe pues hace unos años se transformó en un Burger King. Los servicios se encontraban en el sótano, al que se descendía por unas escaleras situadas a la derecha, al final de la barra.

En una ocasión, había estado en los servicios de la Avenida de la Luz sin ningún resultado, me había recorrido ese pasaje subterráneo de cabo a rabo, sin encontrar ningún ídem, y así llegué al extremo más cercano a Plaza de Cataluña, justo a la altura de la barandilla que se ve en la foto, en la que acostumbraban a apoyarse viajeros esperando la hora de salida de su tren, otras personas que podían estar esperando a alguien, otras que, ociosas, simplemente dejaban pasar el tiempo observando el constante trasiego de gente u otras que quizá se habían guarecido de una intempestiva lluvia o del frío imperante en la calle.
Panorámica de la Avenida de la Luz desde el extremo más cercano a las salidas de c/.
Pelayo y Plaza de Cataluña. Los servicios de WC público se encontraban al fondo de
la foto a mano izquierda, junto a la salida del otro extremo de la larga galería comercial.
Ocasionalmente también se paraba alguno de los asiduos a los servicios del otro extremo de la Avenida de la Luz, haciendo tiempo para volver a los mismos y probar suerte de nuevo en busca de ver recompensada su paciencia con algún ligue, toqueteo o simplemente alguna excitante visión. Por eso, mientras tanto, podía producirse un juego de miradas entre alguno de los apoyados en la barandilla y alguno de los paseantes. Eso ocurrió en aquella ocasión entre un servidor y un hombre de apariencia magrebí que llevaba una pequeña cartera de mano del tipo que había sido habitual en las escuelas, pero que entonces era usado más bien por algunos obreros de la construcción o de algunas fábricas. Yo estaba deseando comprobar por fin si era cierta la leyenda sobre el tamaño de los árabes, conectamos con la mirada, me pareció que "entendía" y, como yo venía de los servicios de la Avenida de la Luz, pensé que era mejor ir a otros para que no se me viera de nuevo en los mismos servicios en un espacio de tiempo tan corto, así que me encaminé a la salida más cercana hacia Pelai-Pelayo/Plaza de Cataluña y entré en el Bar Canaletas, directamente hacia los servicios como si fuera un cliente de la terraza, el magrebí también entró e hizo lo mismo. Había solamente unos tres o cuatro urinarios, casi  todos ocupados, cosa que no me esperaba y me puse en el único puesto libre. Para mi sorpresa, la persona situada a mi izquierda me miró la polla sin mucho disimulo mostrándome también una erecta herramienta no muy larga pero de buen grosor y, mientras la persona a mi derecha abandonaba su lugar, que era ocupado por el magrebí, el de mi izquierda aprovechó para preguntarme si "tenía sitio", le hice un gesto afirmativo con la cabeza, aunque yo todavía quería enseñarle la polla al magrebí y que éste también me la enseñara, pero me pareció que estaba algo cohibido o quizá sorprendido por la facilidad con la que yo estaba entablando conversación con otra persona, aunque en realidad no dije nada, sólo había hecho un gesto con la cabeza mientras el protagonista de aquel fortuito encuentro me seguía hablando de sus ganas de sexo con alguien tan guapo como yo, una afirmación claramente exagerada y sin duda dictada por sus aparentemente irrefrenables deseos, mientras al magrebí, que me había seguido hasta allí alentado por mi actitud, no le dije gran cosa pues, mirando insistentemente a donde esperaba ver su polla no conseguí verla, no acababa de enseñarla, así que ante las facilidades que me daba el de la izquierda y la timidez del de la derecha decidí irme con el primero, aunque ello significara quedarme sin hacer la comprobación de la leyenda. Así fue, mi nuevo ligue y yo salimos al unísono dejando allí al magrebí, que no sé si encontraría a alguien más con quién congeniar.

Pues bien, de aquellos servicios del Bar Canaletas, en los que creo que nunca había estado antes, saqué un inesperado ligue con el que pasamos estupendamente un buen rato. Por aquel entonces ya disponía de un apartamento bastante cercano, al que se podía ir a pie, por lo que allí nos dirigimos a pasarlo bien, cosa a la que procuré contribuir lo mejor posible. Como todos los encuentros de aquel entonces no se sustanció sin unas buenas mamadas mutuas, magreos por todo el cuerpo, 69, etc. y finalizó con una buena follada a mi ocasional pareja que nos dejó agotados a ambos. La verdad es que cuando hay afición y ganas se pasa mucho mejor, aunque se trate de un encuentro imprevisto o quizá por eso precisamente.

jueves, 6 de octubre de 2011

06 - Los históricos y útiles por tantos conceptos "mingitorios públicos" de Barcelona.

Hubo un tiempo en que los ayuntamientos se preocupaban de mantener instalaciones prácticamente gratuitas para que los ciudadanos atrapados por una necesidad perentoria en medio de la ciudad pudieran darle curso de un modo bastante digno, gracias a esa encomiable previsión municipal.

Me refiero a los llamados oficialmente en Barcelona "mingitorios públicos", unos lavabos públicos  normalmente subterráneos y habitualmente construidos de dos en dos, uno para hombres y otro para mujeres. En ellos se podían hacer, recordando la pacata terminología de entonces, "aguas menores" o "aguas mayores". Solamente puedo hablar de las instalaciones para hombres, que generalmente consistían en una hilera de urinarios adosados a una pared, separada por un pasillo de otra hilera de cubículos con inodoro ubicados en la pared opuesta. O bien dos hileras laterales de urinarios, con los inodoros al fondo. El uso era gratuito o sujeto a una propina absolutamente voluntaria, excepto si se deseaba utilizar los w.c., en cuyo caso había que pedir papel al encargado a cambio de un modesto precio tácitamente aceptado. Como oferta adicional, en algunos se ofrecían algunas horas al día los servicios de un limpiabotas.

Me duele constatar como el Ayuntamiento de Barcelona eliminó sin piedad aquellos símbolos de la previsión y del cuidado municipal en favor de los ciudadanos, dejando a éstos sin lugar al que acogerse ante una necesidad, salvo alguno de los raros w.c. pre-fabricados y carísimos (comparados con los de entonces) del centro de la ciudad o la socorrida solución de una consumición en un bar, para tener derecho a utilizar sus servicios. Sin embargo, la previsión del Ayuntamiento ha ido por otros derroteros. Después de suprimir los lavabos públicos que tantos servicios prestaban a los ciudadanos y no crear unos sustitutos dignos y abundantes como aquellos, se ha dotado de una "ordenanza del civismo" para denunciar a los que, quizá víctimas del desamparo municipal, sucumben a aliviar sus necesidades directamente en la calle por no tener alternativas. No incluyo entre éstos a los inevitables gamberros que proliferan y campan a sus anchas, también gracias a la imprevisión municipal.

Me parece muy desafortunado que hayan desaparecido aquellos espacios, a uno de los cuales le dio un tan insólito como incidental papel Luis García Berlanga en su película "Plácido", con guión de Rafael Azona, rodada en Manresa en 1.961. Y es aún más lamentable que haya sucedido esto en Barcelona que tanto presume de europea, cuando en las ciudades de Europa que yo conozco en las que existía este servicio se sigue manteniendo igual que antes o ampliado, si bien en algunos casos sustituyendo al encargado por un servicio de limpieza regular y un torniquete para recaudar el precio de la "entrada".
"Plácido", film de Luís García Berlanga, 1.961
Escena de "Plácido". Es Nochebuena, la esposa de Plácido (Elvira Quintillà) es visitada por su atribulado marido (Casto Sendra "Cassen") en la garita de los urinarios públicos donde ella trabaja. Él juega con su hijo mayor y ella da papilla al bebé, mientras un cliente espera su papel higiénico. Obsérvese el inconfundible embaldosado blanco de la pared, la ventanilla para atender a los usuarios y el rollo de papel higiénico colgando encima de la ventanilla.
Pero el objeto de traer a colación aquí estos espacios municipales es el de describir otros usos que algunos les dábamos en aquellos años en que la mayoría de homosexuales vivíamos* tal condición en secreto para no caer bajo la "Ley de Vagos y Maleantes", una de tantas herramientas de represión que el "régimen" usaba discrecionalmente, cuando le convenía a tal o cual autoridad, contra ciudadanos desamparados jurídicamente sobre los que podían recaer multas (el caso más habitual) o incluso penas de privación de libertad o trabajos forzados. Como apunte erudito cabría añadir que, en realidad y contra lo que se acostumbra a creer, la Ley de Vagos y Maleantes no fue originalmente producto franquista, sino promulgada por el gobierno de la República e iba dirigida a la vigilancia y represión de vagabundos, nómadas, proxenetas y cualquier otro elemento considerado antisocial, pero en ningún caso a los homosexuales.

La modificación franquista se produjo el 15 de julio de 1954, incluyendo el vocablo homosexual en varios de sus artículos. Sirvan como referencia los siguientes párrafos, en los que se subraya lo que añadió el gabinete jurídico del "Caudillo":
Art. 2º.- Los homosexuales, rufianes y proxenetas.
Art. 6º.- A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos o lisiados, se les aplicará para que las cumplan, todas sucesivamente, las medidas siguientes:
a).- Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás”.

Queda evidenciado que la nueva Ley de Vagos y Maleantes así formulada condenaba a los homosexuales por el simple hecho de serlo, mantuvieran o no relaciones. Disparate que se acabaría reconduciendo mínimamente con la imposición del criterio de reincidencia, mediante el establecimiento de dos condiciones requeridas, muy descriptivas por otra parte, para aplicar medidas de seguridad a los homosexuales: 1.- “Ejecución de actos de ayuntamiento carnal perineales, activos o pasivos, de masturbación, de manoseo, de tocamientos mutuos o de onanismo bucal; todo ello entre personas del mismo sexo”. 2.- La realización “continuada y repetida de estos actos de aberración”. Parco consuelo para los que podían ser víctimas de esta ley por repetidos "manoseos o tocamientos mutuos", naturalmente consentidos.


Pero a pesar de las leyes, cuando el picor apretaba acudíamos al espacio cerrado de aquellos urinarios en los que cabía la posibilidad, siempre con muchas cautelas (salvo algunos casos excepcionales), de calibrar visualmente la apostura de uno o más colegas de urinario y, a partir de ahí, entablar contacto verbal fuera del recinto, como quien no quiere la cosa, con la esperanza de que ese contacto se transformara en carnal si se daban las condiciones adecuadas. 

Además de en los servicios municipales se podían vivir escenas similares también en algunos otros lavabos más o menos públicos pero pertenecientes a otras entidades, principalmente empresas de transportes, algunos bares y algún cine. En total, llegué a conocer más de veinte y estoy convencido de que me debieron quedar bastantes por conocer, entre otras razones por no estar ubicados en las zonas de la ciudad que yo frecuentaba, porque uno será un vicioso pero también tiene otras obligaciones que le impiden estar todo el día de descubrimiento, caza y captura (como en realidad me gustaría) y más en aquellos años en que tenía que trabajar duro para labrarme un porvenir.

Animo encarecidamente al posible visitante de este blog que eche en falta alguno de esos sitios en mi reseña a que nos ilustre con sus datos y detalles sobre el mismo. 

Como el post anterior me ha quedado algo largo y este tiene todas las trazas de ir por los mismos derroteros, terminaré simplemente con una relación de los lugares que existían en los años 60 y 70, o al menos de los que recuerdo. En sucesivos posts ampliaré la información con una descripción de cada uno y las anécdotas más importantes que me ocurrieron en ellos.

Municipales
- Plaza de Cataluña, lado mar, en la esquina más cercana a la calle Fontanella, subterráneo bajo la fuente y estanque.
- Plaza de Cataluña, acceso por el lado montaña entre los surtidores, situado en el vestíbulo subterráneo casi enfrente de una oficina de la Guardia Urbana existente entonces, creo que hoy ocupada por TMB .
- Plaza de la Universidad, subterráneo en el centro de la plaza.
- Plaza de Urquinaona, subterráneo en la parte central de la plaza, lado mar.
- Plaza del Teatro (Ramblas), subterráneo junto al monumento a Frederic Soler (Serafí Pitarra).
- Avenida del Paral·lel, subterráneo frente al teatro (entonces cine) Arnau.
- Plaza de la Sagrada Familia, subterráneo en el lado montaña de los jardines.

Empresas de transportes públicos
- Avenida de la Luz, paseo subterráneo hoy inaccesible, bajo el trazado de la calle Pelayo desde Balmes hasta Plaza de Cataluña, perteneciente a la estación "Plaza de Cataluña" de la compañía privada FF.CC. de Cataluña, hoy FF.CC. de la Generalitat. Servicios subterráneos entonces accesibles desde la "Avenida de la Luz" o directamente por las escaleras de acceso situadas en la esquina Balmes/Pelayo.
- Estación "Plaza de Cataluña" de RENFE, servicios en el andén.
- Estación "Gràcia" de los FF.CC. de Cataluña, hoy FF.CC. de la Generalitat. Pasillo subterráneo de uso exclusivo para acceder a los servicios, accesible desde el interior de la estación o desde la entrada situada en la Plaza de Gala Placidia/Travessera de les Corts, bajo el edificio singular "Autopistas", hoy reconvertido en viviendas de "alto standing".
- Vestíbulo de la estación subterránea "Plaza de España" de la compañía privada FF.CC. Catalanes, hoy también FF.CC. de la Generalitat. Junto al acceso del centro de la Gran Vía, lado Llobregat.
- Estación "Sants" de RENFE, hoy ADIF. De los pocos en toda esta relación que siguen existiendo y siendo accesibles libremente hoy en día. Hay uno en el vestíbulo que da a la plaza de los Països Catalans, entrando a mano izquierda, otro situado en el lado opuesto bajo un gran plano de las líneas de metro y otro situado en uno de los pasillos que unen los vestíbulos de llegadas y de salidas, bajo las oficinas de la estación, cuya puerta está parcialmente oculta por una escalera lo que le hace pasar bastante desapercibido, ventaja que viene contrarrestada por sus minúsculas dimensiones.
- Estación "Sant Andreu Arenal" de RENFE/ADIF, situada en la confluencia de Avenida Meridiana con el Paseo de Fabra i Puig. Unos lavabos en el vestíbulo a nivel de calle, que supongo que ya no serán accesibles sin billete como entonces, si es que todavía existen.
- Estación subterránea de Pº de Gracia, RENFE/ADIF. Pasillos de acceso y servicios existentes en el andén dirección Plaza de Cataluña, a los que entonces se podía acceder libremente desde el exterior sin necesidad de estar provisto de billete.
- Estación de Metro "Sagrera" en la Avenida Meridiana, servicios situados en el acceso cercano a la calle Felipe II.
- Servicios situados en la Terminal y oficinas de la Compañía Anónima Alsina Graells de Autotransportes en la Ronda Universidad, donde ahora hay un hotel.

Otros establecimientos no específicos del "ambiente" en los que se podía encontrar "ligue"
- Restaurante/Cafetería Nuria, al principio de la Rambla, lado números impares, cerca de la Plaza de Cataluña. Servicios en el sótano.
- Drugstore, en el Paseo de Gràcia. Situado entre las calles de Valencia y Mallorca, con puerta al Paseo de Gracia y a la calle Mallorca, los servicios se encontraban cercanos al acceso por la calle Mallorca, en el sótano. Ya no existe.
- El Corte Inglés de Plaza de Cataluña. Servicios situados primero junto a la ferretería en el primer sótano y luego en un pasillo del sótano inferior.
- Servicios del parking subterráneo de la Plaza de Castilla.
- Cine Atlántico. Ya comentado en este blog. Situado en las Ramblas,122, aunque acabó siendo un lugar de encuentro para homosexuales, tiene una historia que vale la pena conocer. Propiedad de Lluís Graner, este local fue inaugurado en el año 1.904 por Adrià Gual como Sala Mercé (descrita más tarde por algún autor como "el primer cinematógrafo de la burguesía barcelonesa"), donde se ofrecían representaciones que hoy llamaríamos "multimedia", conjugando cine, diapositivas, comentarios hablados y musicales (ambos "en vivo" con narradores y orquesta) potenciados con juegos de luz y efectos especiales. Aquel mismo año en la planta sótano se instalaron las llamadas "Grutes Fantàstiques", diseñadas y construídas por Gaudí, que siguieron allí hasta 1.908, transformándose definitivamente la sala en cine a partir de 1.909. Se denominó Atlantic Cinema desde 1.936 hasta 1.939 y Cine Atlàntico (con su inseparable "apellido": "siempre apto") desde 1.939 hasta el 16 de enero de 1.988, fecha en que se dio paso a su derribo para construir un hotel.

Cine Atlántico, febrero 1.988
Cine Atlántico ya vendido, antes de dar paso a la construcción de un hotel en su lugar
A estos lugares cabe añadir otros que, aunque no eran específicamente de "ligue", servían para trabar contacto más discretamente después de haberse conocido en alguno de los servicios públicos, que a veces eran demasiado públicos por la cantidad de gente que los frecuentaba. Por ejemplo:
- Servicios de la cafetería del Centro Cultural de los Ejércitos, popularmente llamada Casino Militar. Situada en la acera de la Plaza de Cataluña donde actualmente se encuentra el Corte Inglés, cerca de la esquina con la calle Fontanella, fue finalmente engullida en una de las ampliaciones del centro comercial. Era muy útil a la salida de los múltiples servicios públicos de la Plaza de Cataluña.
- Servicios de la Cafetería del hotel entonces denominado Splendit, aproximadamente sobre el número 122 de la calle Pau Claris y accesible entonces para el público ajeno al hotel. Muy tranquilos aunque debía pasarse por delante de la barra del bar para acceder a ellos. Para utilizar a la salida de los servicios de la estación de RENFE de Paseo de Gràcia.

Sobre todos estos lugares y algunos otros, como portales y zaguanes de algunos edificios que no se cerraban por la noche porque aún no había tantos problemas de seguridad como ahora, hablaré más extensamente según lo requieran los lances que me acaecieron o de los que fui testigo en cada uno de esos lugares, que relataré a partir del siguiente post si la memoria me sigue siendo suficientemente fiel.

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* Aprovecho para dejar claro de ahora en adelante, por si aún no lo estaba, que, por una parte, me considero homosexual sin ningún reparo en cuanto a mis relaciones sexuales con otros hombres y, por otra, un heterosexual al uso en cuanto a mis relaciones sexuales con mujeres. Quizá soy un bicho raro pero, para mí, el obtener y proporcionar placer sexual es una actividad que me gratifica tanto si lo hago con hombres como con mujeres, aunque es innegable que de forma distinta. Por eso he elegido el término bisexual para definirme, porque creo que es el que mejor describe las diversas tendencias que se unen en mi persona y especialmente en mi cerebro. Me doy cuenta de que quizá pertenezco a una tipología "anormal" en este mundo en el que buscamos demasiadas clasificaciones tajantes para todo, pero si en esto no me adapto a ninguna clasificación cerrada y alguien piensa que en realidad sólo soy un homosexual reprimido que no quiere ser clasificado así, presentando la coartada de los contactos heterosexuales o bien que soy un heterosexual con el defecto de gustarle echar canitas al aire de todo tipo, lo lamento mucho pero, tal como lo he racionalizado y vivido sinceramente desde que tengo alguna madurez, asumo totalmente mi condición homosexual, pero no renuncio a mi condición heterosexual y viceversa.