jueves, 1 de diciembre de 2016

17 - Otros servicios (WC) públicos no municipales, en lugares menos céntricos de Barcelona (y III-resto)


Como última entrega de esta serie dedicada a los wc públicos de antaño, hoy prácticamente desaparecidos en su totalidad, citaré unos pocos de esos lugares que tuvieron para mí alguna relevancia pero que, aunque en su mayoría eran bastante concurridos, no frecuenté mucho debido a que me caían muy a trasmano.

Una ocasión más para que los lectores que hayan tenido alguna experiencia en ellos puedan hacer sus aportaciones en forma de comentarios, siempre bienvenidos.

Estación de ferrocarril de la Plaza de España

En dicha plaza, había unos wc públicos accesibles desde el centro de la Gran Via de les Corts Catalanes, en el lado más cercano al aeropuerto, que se encontraban al pie de la rampa (hoy escaleras) que desde el exterior rendía en el patio general de taquillas de la estación de la entonces compañía privada "Ferrocarriles de Cataluña", hoy "Ferrocarrils de la Generalitat", con líneas a Cornellá, Sant Boi (entonces "San Baudilio"), Manresa, etc.
Acceso actualmente modernizado y ligeramente desplazado con respecto al original.
De lo poco que recuerdo sobre la distribución interior de aquellos servicios es que los urinarios se encontraban en el fondo y eran del tipo bajo que he mencionado e ilustrado en otro post, lo cual producía un efecto "llamada" para muchos. Allí pude ver y recuerdo muy bien alguna polla de buenas dimensiones y muchas otras de todo tipo, entre ellas una muy larga y delgada con la que fantaseé en mis pensamientos durante mucho tiempo, pues hubiera sido la polla ideal para aprender a metérmela, pero el encuentro fue simplemente de miradas y alguna frase caliente del propietario de la polla, sin pasar a más porque, a pesar de todo ese ambiente y aunque a veces parecía que estábamos "en confianza" y nos mostrábamos claramente las pollas unos a otros, no recuerdo que allí se hiciera algo más, pero es posible que eso sea debido a que mis visitas fueron más bien pocas y cortas.

Por aquel entonces, disponía de un apartamento/estudio relativamente cerca, que usé con algunos ligues que conseguí en este sitio y también esporádicamente con alguno de los hechos en Montjuïc, aunque en este último caso normalmente no era necesario.

Mencionaré entre los ligues encontrados en estos servicios a un chico sudamericano, profesor de educación especial, bastante joven y que supongo era bastante primerizo, pues me costó horrores metérsela bien (sin lubricante, sólo con saliva) aunque él creo que tenía más ganas incluso que yo. Al final lo conseguimos pero yo me quedé con la polla perjudicada durante unos días. Tenía una gran madera de sumiso, pero yo entonces desconocía hasta donde podía haber llegado con él gracias a su carácter y me limité a lo más normal, como con todos.

También es digno de mención otro chico, creo que aún más joven que el anterior, que fue uno de esos casos que se encuentra uno a veces con el que parecía que las cosas nos salían rodadas sin necesidad de decírnoslas, como si tuviéramos transmisión de pensamiento. Me encontré muy bien todo el rato que estuve con él y recuerdo que me comentó que tenía pareja, supongo que para indicarme que nuestro encuentro empezaba y terminaba aquella tarde. También recuerdo que tenía la polla más ancha que recuerdo haber comido nunca y parece que todavía oigo la frase con la que me insistía en que abriera la boca a pesar de mis esfuerzos por hacer un buen papel, misión prácticamente imposible. Finalmente, casi sin solución de continuidad recuerdo haber pasado a comerle los huevos y con esa excusa levantarle las piernas, ponerlas sobre mis hombros y apuntar mi polla a su ojete. Cosa rara, dada la discreta curvatura de mi polla que me dificulta a veces apuntar bien, acerté a la primera y cuando notó mi puntita me preguntó, con aire de extrañado, qué estaba intentando hacer yo, parecía sorprendido de verdad aunque también pudiera ser que en realidad tratara de disimular sus ganas mostrando una actitud de macho abusado en su buena fe, pero si dudaba sobre lo que yo quería hacer no tardó mucho en recibir la prueba fehaciente de mis intenciones, en forma de polla, por si no lo había sospechado cuando le había levantado las piernas.

La verdad es que, como he dicho, todo fue rodado y el polvo mucho más, estuvimos un buen rato follando y lo pasamos muy bien los dos, tanto que cuando hubimos terminado y salimos a la calle, por la que le acompañé un trecho pues nuestros caminos coincidían, no tardó en proponerme que nos viéramos de forma regular. Cuando le mencioné que él tenía pareja, no lo negó pero siguió insistiendo mientras yo, tonto de mí, me mantuve firme en mi negativa para no interferir con su pareja, a la que desde luego no conocía. En realidad, también me había molestado que minutos antes mencionara, a mi modo de ver sin ninguna necesidad, que aquel encuentro era esporádico y así debía quedar, cuando esa era también mi intención, por lo que luego me molestó que cambiara de opinión y, por un amor propio mal entendido, me quedé sin el placer de volver a verle, con lo que me hubiera gustado. Reacción achacable a mi raro carácter y también a que entonces podía encontrar todo el sexo que quería sin demasiado esfuerzo.

Otra persona singular que me llevé al estudio algunas veces era un chico bastante pasivo, bueno, en realidad pasivo del todo, que incluso cuyo sueño era emigrar a Australia con un camionero que pudiera encontrar, siempre que éste fuera amable con él. No sé si llegaría a cumplir esta ambición tan concreta, lo deseo fervientemente por lo enternecedor que era oírle comentarla.

En otra ocasión coincidí con un tipo mayor que yo que me enseñaba una buena polla, pero con una pinta de garrulo que no me inspiraba confianza. Cuando salí, dirigí mis pasos hacia el Paseo de la Reina María Cristina, en donde al llegar a cierta altura coincidió que pasara junto a un coche aparcado, en cuyo interior estaba él, que me abrió la puerta del acompañante cuando pasé por su lado, pero yo me hice el desentendido y seguí mi camino a pie, giré a la izquierda por la Avinguda Rius i Taulet y, cual no fue mi sorpresa, cuando volví a encontrarme con el mismo coche aparcado allí (entonces era mucho más fácil aparcar en cualquier parte) y ésta vez su conductor estaba fuera esperándome. Me indicó que sabía de un sitio en Hospitalet al que podíamos ir a follar, pero en un tono que denotaba claramente que su intención era follarme él a mí y, aunque tenía muy buena polla o, más bien, precisamente por eso, le puse toda clase de excusas y me fui a mi cercano estudio. Si la hubiera tenido más pequeña, pero bastante más, quizá le hubiera ofrecido acompañarme a dicho estudio, pero aunque su proposición así a bocajarro me excitó bastante, sin embargo se quedó con las ganas, por su aspecto garrulo y porque por aquel entonces me daba mucho miedo que me destrozaran el culo, por lo que aunque tuviera ganas, solamente me dejaba meter alguna polla muy ocasionalmente y sólo si era de talla liliput.

Estación de Metro "Sagrera" en la Avenida Meridiana

Se trataba de unos servicios que pertenecían inusualmente a una estación exclusivamente de metro, cosa inusual tanto entonces como ahora. Se accedía a ellos por una boca cercana a la calle Felipe II, situada en la acera de los números impares de la Avenida.   

A pocos metros del final de la escalera y situados a la derecha del pasillo, se encontraban esos servicios que creo que solamente visité dos veces. La primera, me encontré con otro usuario pero, desconocedor del entorno, no quise confiarme y después de un tiempo prudencial me marché. Seguramente me equivoqué porque el otro usuario siguió allí, además de lanzarme alguna mirada durante el tiempo en que coincidimos. Daba la impresión de ser un lugar muy tranquilo, ya que en la segunda visita en que fui algo más decidido no apareció nadie más durante los minutos en que estuve esperando.

Estación de RENFE, hoy ADIF, "Sant Andreu/Arenal"

Situada en la confluencia de Avenida Meridiana con el Paseo de Fabra i Puig, contaba con unos lavabos en el vestíbulo a nivel de calle, que supongo que ya no serán accesibles sin billete como entonces, si es que todavía existen. Se trataba de una estancia bastante cuadrada, creo recordar que con la fila de urinarios situada en la pared opuesta a la entrada, bajo unos ventanales translúcidos que cernían la luz exterior.
Visité estos servicios un par de veces y en ambas los encontré bastante concurridos, pero en el poco espacio de tiempo que pude estar, no observé nada "sospechoso" salvo lo que me pareció alguna mirada furtiva, pero estoy convencido de que tanta concurrencia no era casual aunque, debido a la premura de tiempo que me acuciaba en aquel par de ocasiones, no pude quedarme más tiempo para comprobarlo.

Habiendo finalizado (s.e. u o.) la relación de servicios públicos que conocí en mi juventud, el siguiente post estará dedicado a otra modalidad de cruising (aunque entonces no se conocía este término) que también tenía mucho éxito, el sexo al aire libre en el Parque de Montjuïc. Y, a su vez, este próximo post dará paso a unos pocos más que describirán algunos locales de "ambiente", como los llamábamos entonces, que darán punto final a la reseña de los lugares de contacto gay más relevantes que frecuenté en mi juventud, abriendo una nueva etapa que, por fin, avanzará tanto en el tiempo como en el espacio.

4 comentarios:

  1. No sabía que en metro Sagrera hubiera habido lavabos.
    De los otros dos que mencionas, los he llegado a conocer pero no en una dimensión sexual.
    Los de Fabra, que ciertamente no sé si aún existen, creo que sí, fui en dos ocasiones por urgencia, y ya que estaba en la zona, aproveché. Lo único que recuerdo es que eran más bien pequeños y olían mal.
    Del de la Pza. España, igual, fue por una urgencia muy urgente, tal que entré en el cagadero y me dejé ir todo lo que tenía y más, pero con la mala suerte que no me fijé que no había papel higiénico y tuve que improvisar arrancando el forro de papel periódico con el que por aquel entonces tenía la manía de forrar todo libro que leía y llevara encima.
    El libro en cuestión era "Sodomías en cuerpo 11", del cual solo recuerdo que me fue muy dificil leerlo, no me gusto si bien no me acuerdo de que iba. Tal vez no era el momento de leerlo.

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  2. Gracias por el comentario, perro, no me extraña que no conocieras lo de Sagrera, yo era muy joven y debía ser la época de hiperabundancia de lavabos públicos, que se fue para no volver. Siempre he guardado la intención de pasar un día a ver si ahora en aquel lugar hay una puerta sólo accesible para empleados, como otras muchas puertas cerradas en pasillos del metro de las que desconocemos su función. Aunque creo que la estación se remodeló íntegramente y quizá ya ni exista el acceso con la misma morfología de entonces.
    Me encanta la nota de autenticidad que introduces. Ese libro no lo conozco, pero debemos reconocer que aún no gustándote te sacó de un buen apuro, ni que fuera por el forro. Ya es algo a su favor o más bien al tuyo por esa impremeditada previsión. Menos mal que no se te ocurrió forrarlo con plástico.

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  3. Nos encanta tus vivencias y tus aventuras. Siempre entramos a ver que nos compartes. ¿Conoces ya nuestro sexshop online?

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    1. No conocía vuestro sexshop online ni, por mis circunstancias, estoy en disposición de ser cliente ahora ni en un futuro, pero como el saber no ocupa lugar he publicado vuestro comentario sin quitar el enlace.

      Gracias por el comentario.

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